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Lo que debemos aprender de Europa

23 febrero 2010

Publicado en: El Mercurio – Eonomía y Negocios – Columna de opinión, 24 de julio de 2007

La mejor lección que ofrece el viejo continente para Chile y la región no es su modelo de Estado bienestar, por lo demás en retirada, sino que su exitoso proceso de integración.

Muchas veces se habla del “modelo europeo”, asimilándolo al Estado de bienestar, a un modelo con impuestos elevados, Estados sobredimensionados y semanas de trabajo cortas; un modelo que aparentemente protege desde la cuna a la tumba. Algunos, entusiasmados, han propuesto que éste debe ser el camino para el desarrollo de nuestro país, que debemos aprender de Europa. Se olvidan, en primer lugar, de la importante relación de causalidad:
deberían preguntarse si Europa llegó a ser grande por el Estado de bienestar, o si, dados sus niveles de ingreso y riqueza, más bien ha podido darse el lujo de probarlo a pesar de sus costos.

También parecen olvidar que este modelo no sólo se encuentra fuertemente cuestionado, sino -más aun- está en franca retirada en buena parte del viejo continente. La más elocuente manifestación reciente de este fenómeno es el triunfo de Nicolas Sarkozy en Francia y su ya famoso discurso de Bercy, que reivindica el valor del trabajo, del deber cívico y de la identidad de nación. En uno de sus párrafos, Sarkozy afirma: “No se puede decir que uno apuesta por el valor del trabajo y, al mismo tiempo, generalizar las 35 horas (de la semana laboral), seguir cargándolo con impuestos y estimular la mentalidad del asistido, del que cobra del Estado para no trabajar”.

Hay mucho que aprender de Europa, pero no de su Estado de bienestar, sino que de su exitoso proceso de integración. Aquí, Europa nos da cancha, tiro y lado. Mientras el acuerdo de libre comercio de las Américas (ALCA) está  oribundo, la integración europea sigue a todo vapor. Y eso que el ALCA es la forma más simple de integración, que establece como propósito el libre comercio de bienes y servicios, lo que estamos aún muy lejos de lograr a nivel continental. En cambio, en Europa fluyen libremente los bienes, servicios, capitales y trabajadores, y un grupo importante de países ya tiene moneda común, el euro. Debería darnos un poco de vergüenza a los americanos (que somos todos los
habitantes de América, no sólo los de Estados Unidos de Norteamérica, como muchas publicaciones escriben porfiadamente), a ver si ello nos estimula a la acción.

Uno de los aspectos más notables de la integración europea es que sus países fundadores se enfrentaron en dos enormes conflictos bélicos en el último siglo con inmensos costos humanos y materiales. Mientras, en América todavía no hemos logrado superar algunos conflictos que datan de casi un siglo y medio.

En 1951, apenas 6 años después de concluir la Segunda Guerra Mundial, Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos firmaron el Tratado de París que creó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. En 1957, los mismos países suscribieron el Tratado de Roma, que constituyó la Comunidad Europea. Luego, en 1973,
se incorporaron Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido. En 1993 entró en vigencia el Tratado de la Unión Europea (UE) que modificó los tratados de París (1951), Roma (1957) y el Acta Única Europea (1986), que significó un progreso radical en la integración. Desde unaperspectiva económica, dicho tratado relajó los controles fronterizos existentes entre los países miembros de la entonces Comunidad Europea e intensificó los acuerdos comerciales y la libre movilidad de bienes, servicios y factores productivos (lo que se vio potenciado por el otorgamiento de la ciudadanía europea a los ciudadanos de todos los Estados miembros). Posteriormente, en 1999, el Tratado de Amsterdam alteró la estructura política de la UE para la integración de nuevos Estados.

Lecciones para América y Chile La Unión Europea recién cumplió 50 años, y tiene motivos para festejar. El proceso de
integración europeo ha sido enormemente exitoso para sus miembros, en parte porque la Unión ha sabido crecer. ¿Recuerda usted que hace poco tenía sólo 15 miembros? Bueno, hoy son 27. En mayo de 2004 la UE abrió sus puertas a 10 nuevos países (Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Malta y Chipre). Y en enero de 2007 ingresaron Bulgaria y Rumania. Al acoger a los países de Europa del Este, la UE ha entregado un poderoso incentivo para que estas naciones acometan reformas económicas y políticas que muchas veces tienen costos en el corto plazo, pero que se hacen más digeribles con los beneficios asociados a pertenecer a la Unión. Al incorporarlos, la UE contribuye a la estabilidad de Europa. Los países más pobres que se integran a la UE
tienden a crecer más y, por tanto, a converger hacia los niveles de ingreso de los miembros más ricos. De esta manera, la UE ha generado un proceso de integración política, social y económica para sus vecinos que parece ser sostenible en el tiempo.

Mientras tanto, la integración americana es mínima a nivel continental, aunque haya esfuerzos de integración regional y bilateral. La principal responsabilidad recae en Estados Unidos, que podría poner una oferta más generosa para revivir el ALCA, pero hoy está más preocupado de los desequilibrios comerciales con China y la guerra contra el terrorismo.

Brasil es un elemento de estabilidad en la región, pero parece más interesado en el Mercosur que en la integración continental. Y la revolución bolivariana de Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales es un obstáculo a la integración hemisférica.

En este escenario, Chile ha optado correctamente por integrarse con el mundo y es hoy el país más abierto de América Latina. Los acuerdos dentro y fuera de nuestra región llevarán a que a fines de 2007 casi el 80% de nuestras exportaciones fluyan al amparo de algún tratado de libre comercio. Dadas las circunstancias, la estrategia de integración comercial chilena ha sido ampliamente validada.

Europa tiene mucho que enseñarnos en materia de integración. Lo atractivo no es el Estado de bienestar europeo, sino el proceso de inclusión que lleve a los países americanos a ser parte de una gran comunidad hemisférica.

Fuente: www.elmercurio.com

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